Podría contestar a esta pregunta desde un punto de vista objetivamente científico, basándome en átomos, moléculas, funciones y demás, pero no creo que ese sea el objetivo de la pregunta, sino más bien algo subjetivo. Si lo contase desde la estricta realidad, podrías preguntarle lo mismo a cualquiera, que la respuesta sería la misma.
Considero entonces que se trata de algo como "¿qué te mantiene viva?". Bien.
Hace tiempo me preguntaba yo misma algo así, "¿por qué vivo?", "¿para qué?". Sentía que no tenía razones. Entonces la pregunta cambió a "¿y por qué morir?", una especie de "¿y por qué no?", así que la primera razón es, simplemente, por vivir. Por el gozo de estar viva. Algo de lo que he empezado a disfrutar en el principio de su totalidad, creo, desde hace poco.
Voy a ser algo más específica. Todos necesitamos un combustible para nuestro motor, por así decirlo. Lo que te llena ese agujero entre las costillas y enciende una llama. Mi combustible son mis sueños, siempre presentes e incansables, aunque también variables -a veces. No hay mayor placer que el no abandonar, seguir, esforzarse, porque tienes algo que hacer. Nadie te lo ha impuesto sino tú, porque quieres. He aprendido a disfrutar de lo que hago, aunque hago cosas que no disfruto. ¿Por qué? En favor de mis sueños. Quizá a corto plazo no pueda verse, pero yo sé que es algo que aunque en este momento no me agrade, tengo que hacer. Si lograrlo me acercará a conseguir lo que quiero, bienvenido sea.
Y eso es lo más definido que puedo decir. Sin embargo, me siento en la obligación de mencionar otras cosas. La música. No voy a decir esa típica frase de "la música me salvó la vida", pero sí diré que me la llenó en muchísimos momentos. Que me apoyó cuando nadie más lo hizo, aunque esto también sea una frase típica. Para mí la música significa muchísimo, significa transportarme a otro mundo, significa sentir esa llama arder con fuerza. Tampoco puedo olvidar mis libros, que también estuvieron conmigo cuando estuve sola, que me demostraron muchas cosas, a los que debo mucho. Estoy absolutamente convencida de que de no ser por los libros, yo no estaría aquí ahora mismo, no en las mismas condiciones. Digamos que me demostraron que no hacía falta hacer ninguna de esas cosas, ni seguir a esa gente, ni tampoco necesitaba ese tipo de amigos, porque al llegar a casa podía abrir el libro, leer e irme a otro sitio, y eso era algo que no me podían quitar. Fueron, como la música, ese refugio y ese apoyo incondicional.
Y terminando con lo más abstracto de todo, vivo por sentir. He sufrido los dos extremos, no os creáis. He sido muy amorosa, y he socializado; me han herido. He sido un témpano de hielo, sin sentimientos, y me he hartado. Llevaba mucho tiempo queriendo encontrar el punto medio y creo que por fin lo tengo. Siento en la medida que tengo que hacerlo. Siento mucho y muy intenso. Amo. No a la gente, es verdad, pero lo hago. Amo lo que hago, amo mis sueños, mi música, mis libros, amo mis aficiones y mi talento. Amo mil cosas de la misma manera que odio otras tantas, pero no hay comparación. Siento la ambición, siempre presente, y es algo que también me mantiene viva. La resistencia, el afán de lucha, la emoción por aprender algo nuevo. Siento mucho y muy intenso. Y me encanta.
Con esto, me levanto cada día y aunque no haya nada en particular por lo que alegrarse, yo sigo con mi motor en marcha. Tengo muchas razones por las que estar triste, cabreada, por las que odiar. Por las que preguntar "por qué" y "hasta cuándo". Infinitas más que para levantarme cada mañana y no desear quedarme en el sitio. Pero tengo un motor muy bien alimentado. Da igual lo que pase, yo voy a seguir.
sábado, 27 de octubre de 2012
La sociedad y la impotencia.
Ese es el mensaje que nos bombardea. «Tienes que ser de esta manera y de ninguna otra». La televisión, la moda, la publicidad, internet; todo. Constantemente vemos las mismas imágenes de chicas perfectas. No digo que no afecte también al género masculino, pero está claro que en menor medida.
Se trata de un canon de belleza completamente aleatorio. ¿Quién ha decidido que la nariz debe ser así, el ángulo de las cejas debe ser ese, y la proporción frente-barbilla debe seguir su norma? ¿Quién ha dictado como bello algo imposible? Ni siquiera las consideradas "bellas" lo son, pues siguen retoques y operaciones. Y lo peor es que no podemos evitar que nos afecte, en menor o mayor medida, porque está por todas partes. Porque tú también lo haces, el considerar más guapa o más fea a una persona en función de este canon. ¿Desde cuándo la belleza es algo cuantitativo?
Y sin embargo, a las personas consideradas guapas se les permite casi todo, simpatizan por el simple hecho de parecerse por casualidad a un modelo aleatorio. ¿Por qué está bien decirle a una persona que está delgada y no que está gorda? ¿Por qué el modelo de peso perfecto se pone en un cuerpo esquelético? Ya te pueden faltar veinte kilos, eso está bien visto, aunque pases hambre a diario y no puedas ni hacer ejercicio. Pero cuidado como te sobren cinco.
Hay chicas torturándose a sí mismas por no ser como les dicen que tienen que ser. Absurdo, sí, pero verdad. Pero, ¿me podéis explicar por qué mi cara debe parecerse a la de Megan Fox? No, no tengo esa nariz absolutamente recta, ni esa barbilla afilada, ni los ojos azules. No estoy así de -insalubremente- delgada. ¿Y qué? Soy un ser humano igual, y sin embargo, voy a ser juzgada. ¿Por qué esa mujer, que se ha puesto pechos artificialmente y perjudicando a su salud, y que no come por mantener esa cintura famélica, tiene que ser mejor que yo? ¿Por qué tiene que ser un modelo para mí?
Impotencia involuntaria. Yo, por mi parte, no quiero ser una de esas chicas. Pero, lo queramos o no, son nuestra referencia a la hora de mirar a una persona. Y de verdad, qué pena que las referencias no sean mujeres inteligentes, con mucho que decir, o mejor, que pensar, en vez de esta cantidad de barbies, en su mayoría, vacías.
Canción de la semana
Como no podía ser de otra manera, esta semana la canción es de Muse.
(entrada con atraso, pero ya se sabe, una tiene cosas que hacer fuera de aquí, y tampoco dispongo de ordenador propio)
Falling Down
La descubrí hace una semana, en el concierto. Ya había oído hablar de ella, pero nunca había ido a posta a escucharla, y este fue, por absurdo que parezca, un acierto. Porque cuando escuchas una canción por primera vez, juzgas si te gusta, si no, por qué, qué parte te gusta más y si hay algo que te llama especialmente la atención. Verla en directo, tocada a piano, fue un auténtico placer, el placer de descubrir allí mismo algo tan maravilloso.
Esta canción pertenece al primer álbum de la banda, lanzado en 1999. Álbum que tiene una obra maestra tras otra, en mi opinión. ¿Y por qué esta canción? Lo primero de todo, tiene algo, una sencillez, que fascina, así, sin más. Una voz, un piano, y ritmo de fondo, ya está.
Too late, I already found what I was looking for,
you know it wasn't here.
Me encanta la manera de cantarla, con calma pero con sentimiento. Una canción que, no sé cómo decirlo, llega darse uno cuenta. También me tiene encantada el hecho de que Matt Bellamy la compusiera con diecinueve años. No puedo evitar imaginarme a un chaval cantando esta canción ante un piano, y de verdad, eso también me fascina. Podría hablar sobre la letra, que se repite sin ser repetitiva, pero no creo que sea necesario. Solo diré que es algo destructiva y un tanto triste. Pero siempre es mejor oír uno mismo las canciones, no tienen descripción posible. Eso sí, el título le va a la perfección.
Mi opinión general sobre Falling Down, como ya he repetido unas cuantas veces, se puede resumir en una palabra: fascinante.
(entrada con atraso, pero ya se sabe, una tiene cosas que hacer fuera de aquí, y tampoco dispongo de ordenador propio)
martes, 23 de octubre de 2012
Concierto; algo menos por hacer
(no recomendé canción el viernes, ya, pero estaba en otras cosas, ahora veréis)
Venía a comunicar que mi vida cuenta ahora con una fecha clave nueva: el veinte de octubre de dos mil doce.
El concierto de Muse
, Palacio de los Deportes, Madrid. Una épica como nunca antes, sensaciones a flor de piel y un sueño cumplido tras años de espera. Empezaré por el principio (sin enrollarme demasiado).
Me remonto a Junio, el día ocho, si mal no recuerdo. Muse acababa de sacar un trailer de su nuevo disco -The Second Law- y ya estaban anunciando fechas de gira, con entradas adelantadas para miembros. Y allí entré yo, y pedí cuatro entradas, para mí, para mi amiga V. y para mi padre y su pareja. Bueno, en realidad de esto se encargó más él, que al fin y al cabo fue el que pagó por adelantado con la tarjeta (que conste que todos los gastos del concierto los acarreé yo con mis ahorros). La suerte sonrió, y conseguimos las entradas. Desde Junio.
Llegaron hace no mucho, el dos de octubre. Fue entonces cuando todo se fue haciendo realidad, cuando empecé en serio a hacer la cuenta atrás. Los días pasaron, no recuerdo cómo, y por fin llegó el viernes diecinueve. V. me vino a buscar -con sus padres- por la tarde, y fuimos a Madrid, donde tiene casa ella. Dimos una vuelta por un Islazul, cenamos en un KFC -otra cosa nueva- y a dormir. Bueno, a descargar un poco de emoción vía internet antes. A escucharles la noche anterior.
El día siguiente comenzó a las ocho cuarenta de la mañana cuando ella se subió a mi cama, la litera de arriba, y me pegó un lametón en la cara. A las nueve y media -increíble- me levanté y me empecé a cambiar. Desayunamos. Camisetas de nuestro grupo favorito. A las once nos vamos. Todo por un "¿y si mañana por la mañana vamos a Fuencarral?" suyo, y allí acabamos, en una tienda con una super oferta de sujetadores, quejándonos de lo caro que es todo en el mercado de esa calle -aunque precioso- y en la Fnac, leyendo manga y de paso, comprando unos tomos. Nos cruzamos con una chica que llevaba una camiseta por el estilo de las nuestras y nos saludamos y sonreímos, una señora que nos vio dijo "hoy Madrid está lleno de Museros". Qué grande mi sonrisa. Volvimos a comer a su casa. Macarrones. Nos arreglamos un poco. A las cinco y cuarto nos fuimos hacia el metro, con su padre, que nos iba a indicar cómo llegar y dónde era el asunto. El sueño empezaba a hacerse realidad.
Tras un transbordo, a falta de cinco paradas, me daba cuenta de que aquello estaba pasando. Twitteé, llegamos. Montones de camisetas negras con aquella tipografía blanca claramente legible. Encontramos nuestra cola, la ambientamos con un poco de música, y a esperar. Eran alrededor de las seis. Prisas, agobios con las maletas -que llevábamos con nosotras hasta que mi padre llegó y las metió en el coche- pasada por el baño, y por fin, entrar al recinto, a las siete y media. Nunca había entrado al Palacio de los Deportes, es más, nunca había entrado a un estadio cubierto. Compramos y corrimos hacia el acceso a la pista. Un escenario con luces azules y gente sentada delante, en el suelo. Dios mío, es verdad, todo esto es verdad.
Pillamos buen sitio, relativamente cerca, y tras apretones y empujones, empezaron los teloneros. Se les veía perfectamente -quitando un par de cabezas demasiado altas por delante mía-; la ropa, los gestos, todos. En hora y pico verás así de bien a Matt, a Chris, a Dom, pensé, y joder, los iba a ver en persona, era verdad. A pesar de agradarme, estaba deseando que terminaran, y lo hicieron. Salida de los pipas, cambios en el escenario, colocaciones, arneses, focos, luces, comprobaciones. Todo listo con un cuarto de hora de retraso. Mirar a la espalda y ver a miles de personas.
Se apagan las luces y todo empieza. Iluminación roja, imponente, irrepetible, y ver la figura de Chris saliendo con el bajo, enloquecer. Bellamy empezando el concierto de espaldas en nuestro lado del escenario. Empiezan a tocar. Saltos, locura, cantar a pleno pulmón con otras quince mil voces respaldándote. Es Muse. Es real.
Eso fue Unsustainable. Luego vino Supremacy, su grandeza sin igual y el desenfreno que conlleva ser la segunda canción. Interlude, una pequeña entrada, y después Hysteria. Para entonces, se me quebraba la voz. Termina. Y algo empieza a bajar de esa estructura cuadrada de focos. Se oyen gritos, exclamaciones. Una especie de pirámide invertida cae del techo, todo a oscuras. Repentina iluminación blanca y vuelve la locura absoluta con Supermassive Black Hole, una de mis imprescindibles. Cada vez estábamos más cerca, por los saltos y la ambición de la gente con acercarse a las pasarelas. Resistance, pese a no ser de mis favoritas, la acogí muy bien. Mi locura se desató con Panic Station, y mi voz, ya caída y desafinada, sonando sobre las de mi alrededor cantando aquella letra que me había encantado desde el principio. Matt se cae subiendo a la pasarela de nuestro lado, le aplaudimos, se ríe. Qué gustazo de concierto, y esa sensación de cantarle allí mismo, de tenerle a nada. Animals, con unos visuales increíbles. Al acabar, un piano sale del suelo, un piano con tapa transparente y teclas de luces verde fosforito, que al ser tocadas encienden una luz morada dentro del instrumento. Explorers y Falling Down. Hora de relax, y doy gracias, porque no podía con mi cuerpo.
El concierto parecía ralentizarse, la gente se había relajado y estaba disfrutando del piano acompañando esas dos canciones, especialmente la última, perteneciente al primer disco. Fue seguida de una introducción que a mí ya me sonaba, y juro ahora mismo que nunca he visto reacción semejante a la que vi en ese momento. Time Is Running Out, un clásico, inevitable. Miles de personas coreando a un Bellamy subido en la pasarela central, acorralamientos hacia las filas delanteras, saltos y sensaciones. Eso es de lo que más tuve en el concierto, sensaciones, pero ninguna de recuerdos. Las canciones de Muse me han acompañado incontables veces, pero los recuerdos que me podían mostrar no me tocaban, solo tenía sitio para la euforia del momento, para corear hasta los instrumentos, para saltar al ritmo de miles de personas allí presentes, guiadas por solo tres hombres. Qué maravilla la música.
Matt se retira al fondo del escenario y Chris emociona tocando y cantando Liquid State, preciosa, absolutamente... De sacarte. De despertar tus emociones. Chris, ese hombre tan sereno que poco de showman tenía, al contrario que su compañero y lider, que por más que hacía por pasar desapercibido, no lo conseguía. Ahí me di cuenta de los diferentes atractivos que tenían los dos. Por separado me había dado cuenta nada más empezar el concierto. Chris, tan sereno, termina la canción. El mismo que nos saludó desde nuestra plataforma en un momento en que no estaba tocando, mientras Bellamy hacía de las suyas en el centro del escenario. Gritos de Chris!, él que nos mira, sonríe, y saluda. Tímido. Qué adorable en ese momento.
Madness fue una locura, protagonizado por el loco sin precedentes que es el líder de este grupo llamado Muse. Unas gafas que retransmitían la letra de la canción, igual que la pirámide, y él cogiendo una cámara y grabándose cantando para ella, para todos nosotros. Menudo espectáculo. Muy cantada, y muy bien acogida esa canción. Emocionante. Follow Me nos trajo la iluminación más impresionante, y pese a ser una canción que pensaba que no me agradaba, lo hizo sobremanera. Una letra pensada para canción de cuna acompañada de guitarra, bajo y batería, luces, personas saltando. Ahí vi lo mucho que me gustaba. Undisclosed Desires trajo una letra increíble, cantada por él en nuestra plataforma. Nos la cantaba a nosotros, y nosotros a él. Qué momento. Y bajó al foso a saludar a la gente. Nos quedamos a muy pocos metros, pero llegamos a tercera fila. Solo dos personas delante nuestro, ¡menuda vista! Valió la pena lo que nos costó llegar allí, porque empezó otra de mis absolutas imprescindibles, Plug In Baby. Ah, Plug In Baby.
Su primera distorsión se me clavó de lleno entre las costillas, y ese legendario solo de guitarra me hizo perder el control. Cantar, cantar y solo cantar, aunque no te quede voz. Saltar. Emocionarte, seguir el ritmo. Vocear el estribillo como si te fuera la vida en ello, desgarrarte por dentro. Adrenalina. Y luego New Born, otra muy necesaria, que me llegó con su piano y la voz de Bellamy paseándose por aquella pasarela gigante. Los tres se juntaron en torno a la batería, la pirámide bajó en su correcto orden, y los engulló.
¿Ha terminado? Me falta Knights of Cydonia, dije. No creía que hubiera acabado. Y vaya que no lo había hecho. Empezaron a verse imágenes en la pirámide, y sonó Isolated System, que nos permitió unos minutos de calmar nuestro éxtasis sin igual. Al menos el mío. Aparecen teles antiguas y unos acordes inconfundibles. Uprising. La canción de la revolución. Bellamy en nuestra plataforma dirigiendo nuestras palmas y puños, nosotros gritando aquellas palabras que eran más que eso. Aquellas ideas. Con fuerza, con convicción ciega, con la satisfacción de verse entendidas de una vez por todas. Qué gran suspiro al terminar, toda esa energía contenida. Una introducción con armónica, preciosa, y esos golpes que no pueden ser de otra sino de Knights of Cydonia. Le paso la mochila a mi amiga y me dispongo a darlo todo en una canción que no tiene precio. Salto con fuerzas que no tengo, coreo, me golpeo, me descontrolo, bailo, grito. Le espeto a Matt Bellamy que no gaste su tiempo o el tiempo le gastará a él. Y cómo sienta por fin gritar a pleno pulmón esas palabras que llevan tanto tiempo en tu cabeza.
Ahora sí que parece haberse acabado. No nos resignamos. Aplaudimos, gritamos, no paramos. Y salen. Cómo salen, con ese ritmo que nos obliga a dar palmas por encima de nuestras cabezas. Starlight, la legendaria Starlight estaba allí. Cantarla al ritmo, sus frases más famosas, tantas veces extrapoladas. Poder soltar todo lo que has tenido dentro. Luces apagadas, proyecciones en la pirámide, y empieza Survival, empieza mi mayor locura, mi mayor éxtasis. La fuerza de esa canción no tiene límites. No me quedaba voz, no me quedaban piernas, no me quedaba cuerpo, y sin embargo, me empeñé como nunca. Esos minutos fueron tremendamente especiales para mí.
Lo bonito del concierto es sentirte en miles de personas. Toda esa gente está viendo lo mismo que tú, pensando en lo mismo que tú, cantando lo mismo que tú. Eres parte de un colectivo que acaba definiéndose como un solo ente. Pero qué increíble ese momento en el que tú te separas, te individualizas sin necesidad de palabras. Un chorro de adrenalina sin igual, pura electricidad, recorría mis venas. Tenía fuerza, aunque no sabía de dónde. Estaba cantando con Matt Bellamy, y otros miles de personas. Estábamos diciendo elegir progresar, no rendirnos, ir a ganar, sobrevivir. Y una voz en mi cabeza, mi subconsciente, lo que fuera, mientras aquel poderoso instrumental arrasaba mi pecho en una riada, me decía que no lo cantaba con ellos; se lo cantaba a ellos. Se lo estaba diciendo, se lo estaba prometiendo. Le había prometido a miles de personas, le había prometido a Matthew James Bellamy que no me iba a rendir, que elegía sobrevivir costase lo que costase. A pesar de ser mi voz una entre miles, en mi cabeza tenía un significado ineludible, imprescindible. Y cuando llegó el tiempo de la segunda parte de la canción, lo tenía más claro que nunca. Le miraba fijamente, le espetaba, sacaba la voz que no tenía de las fuerzas que no me quedaban, me agitaba. Descontrol, adrenalina, emociones a flor de piel y una promesa. Lo grité, una y otra vez. Géisers de humo, visuales impresionantes, luces sin igual. Absolutamente todas las personas habían salido de su mundo y estaban metidas en el espectáculo que era aquello. ¿Qué es mi vida? ¿Qué importa ahora? Nada, nada de nada. Solo importa darlo todo, hasta la última gota. Y así lo hice.
Se despidieron. Hasta el "next summer", por lo visto. Y ojalá que sea verdad. Porque yo necesito de esta droga llamada Muse -en directo- más a menudo.
Nunca en mi vida he vivido algo tan grande, tan emocionante y tan significativo. Me hizo cuestionarme muchas cosas, me hizo hasta verlo todo de otra manera. Se llevó mi alma y mi cuerpo a otra dimensión. Una vez salí de allí, volvía a lo mío, aunque no iba a ser lo mismo. Esa noche era un punto de inflexión.
Pese a todo, sé que ningún texto, ninguna palabra -éxtasis, euforia, brutalidad- será capaz de describir lo que pasó allí aquella noche, al menos, para mí.
Adrenalina.
(de lo que más tuve)
(es una entrada muy larga, pero no puedo hacer nada; toda palabra es insuficiente, y ni siquiera he podido descargar todas las emociones aquí. Sólo quería expresar de una vez todo lo vivido)
miércoles, 17 de octubre de 2012
Amistad
¿Qué es eso realmente? Con el tiempo, vamos teniendo cada vez menos amigos, desde que en el colegio casi toda nuestra clase entra en esa categoría hasta que siendo adultos, tenemos uno o dos amigos de verdad. Al menos, es lo que yo he visto siempre. ¿Qué define realmente a un amigo? Que esté siempre en las buenas y en las malas especialmente, ¿no? Bueno, eso tiene muchos matices. ¿Es realmente tu amigo si aunque esté en tus malas, en sus buenas pasa de ti? ¿Y si habla siempre a la espalda? ¿Y si se lía con la persona que te gusta?
Pero chiiiiica, qué adolescente todo. Ahá.
Qué cantidad tan grande de amigos falsos, de palabras vacías y de te quieros sin sentido. Esos "siempre a tu lado, tía", que se suelen decir, frases en general, promesas, de todo, que en el fondo guardan algo. Algo que no dices porque se iría todo a la mierda. Algo que haces, o has hecho, algo que piensas o que dices. Personalmente, me saca de quicio.
Soy de esas personas que cuando alguien no le interesa, no lo finge. Sí, sí, todos sabemos lo que es el interés, claro, pero nada más allá de eso y siempre las cosas claras. Si no me gustas, no te preocupes, lo vas a saber. No voy a ir a decirte que eres mi amiga, ni que cuentes conmigo, ni a tirarme ningún rollo de esos, porque no son verdad. Igual que a los chicos no les voy a seguir el rollo; si no me gusta lo que haces, te lo voy a decir a la cosa, un "eres gilipollas" como está mandado. Pero vamos a ver, que alguien me lo explique, ¿dan premios por tener más "amigos"? Caray, yo lo mismo me he perdido algo, pero creo que no. ¿De verdad tienes que sonreirle en su cara y luego decir lo imbécil que es cuando no está? No me parece ético.
De todas maneras, parece que entre los adultos está mal visto actuar con sinceridad; siempre hay que pretender que todo te agrada y todo el mundo te cae bien. No puede ser más falso porque revienta.
Pero es que no es de lo que se trata. Con esta edad, no es de lo que se trata.
Popularidad. Es eso, ni más, ni menos. Sí, sales y saludas a tal, y a cual, y conoces a este y a aquel. ¡Venga ya! ¿Y qué ganas con eso? Cuántas veces me habrá pasado que mis amigas van a saludar a alguien, y menos de un minuto más tarde ya se están metiendo con él, o normalmente, ella. Ojo que no estoy cuestionando la educación, evidentemente, si conoces a alguien, no vas a hacerte el tonto cuando pase por tu cara, es es maleducado. ¡Pero no vayas a posta a saludarle porque es "popular"!
Dios.
Cómo me saca de quicio la gente.
Tonterías adolescentes a parte, eso ha sido todo.
Nos vemos más y mejor.
sábado, 6 de octubre de 2012
La alegría de estar vivo.
Sin duda, o simplemente con mi certeza, todos nos sentimos en algún momento invadidos por la melancolía. Que no la tristeza, motivada por un motivo de peso, sino la melancolía, esa especie de mar oscuro que atrapa en su torbellino, e insiste con no dejarte salir. Esa especie de droga, que atrapa con su amargura. No son pocos los que se regodean en ella, y yo no puedo decir no haber consumido. Cuando nada te motiva, cuando miras a tu alrededor y no encuentras a nadie, cuando hurgas en tu interior y te encuentras un espacio vacío, es entonces cuando llega ella, última amiga, recurso final siempre presente, aunque no siempre visible. Se desplaza como un pulpo por las entrañas, te agarra la garganta y te ata corto, te enturbia la mirada y adormece la lengua. Y tú aceptas, rendido ante, al menos, ese algo. Esa sensación de arrastre. El concepto dejarse llevar por la melancolía es algo mucho menos subjetivo de lo que se acostumbra a considerar. Es como un río, implacable, con su corriente continua, que se ofrece a dirigirte por el camino sin motivación alguna.
(al escribir esta entrada, me está llamando otra vez, quiere que vaya con ella)
(no voy a ir)
Porque no he venido aquí a deprimir, ni a recordar; no he venido aquí a amargarme a mí ni a nadie. He venido a hablar de lo bonito que es estar vivo.
Catedrales en mi corazón. Y no, no estoy hablando de amor, al menos, no hacia una persona. Hablo de sentir. Una persona que ha estado vacía viene a hablar de sentimientos, qué paradoja, ¿no? No voy a contaros lo preciosa que es la amistad, ni lo bien que te puede hacer sentir esa persona, porque son cosas que desconozco, y que no me llenan. Sentir. Quiero notar esa palabra bien fuerte en mi paladar, porque es maravillosa, porque implica tantas cosas. ¡No hay nada tan maravilloso!
¿Por qué sentir melancolía? No te conformes con el vacío, llénalo. Llénalo de cualquier cosa, pero hazlo. Lo bueno de sentir, es que es gratis. Y que llena. Que hace feliz. La felicidad es un concepto difícil, lo sé. La auténtica felicidad es un sentimiento efímero, no algo constante, pero hay algo que sí se puede sentir de continuo. Puedes sentir esa alegría, de igual manera que antes sentías la tristeza. En vez de un peso en el corazón, puedes llevar un globo de helio. ¡Y que lo diga yo! Pero hay que darse cuenta de que el mayor regalo que podrían habernos hecho es el estar vivos, y lo peor que podemos hacer con él es no valorarlo, estar tristes, amargarnos la existencia, pues solo tenemos una. Cada sirena es una sinfonía y cada lágrima una cascada. No merece la pena llorar.
¿Cuánto tiempo tienes? Nada y menos, pero no importa, porque tienes la oportunidad de llenarlo. No importa. Busca algo que te mantenga vivo, algo que te ilumine el camino, algo que mantenga apartada a la larga enredadera que es la melancolía, que no la deje pasar. Grítale "¡sé por qué sigo adelante!". Y sigue caminando porque tú quieras, no porque tengas que hacerlo.
Puedes odiar muchas cosas, pero todo depende del punto de vista desde el que las veas. Si dejas que la tristeza te oscurezca la mirada, cada mala cosa te evadirá un poco más, te unirá a tu indeseable droga. Si vas dirigido por algo, si tienes tu camino y tu impulso, esas cosas que odias serán "menos malas". No importarán, ya que tú eres feliz. Estás feliz. Como quiera que se diga. Tienes uno, o más, pilares en los que apoyarte, y son indestructibles, porque ellos se alimentan de tu voluntad, y tu voluntad se alimenta de ellos.
Ten determinación, encuentra lo que necesitas, y no recurras a ese último recurso que es la melancolía. Decide tus pasos, haz lo que hagas porque tú quieras hacerlo, no por hacer algo.
Sé feliz.
viernes, 5 de octubre de 2012
Una semana, una canción.
Hace poco, me propuse en twitter hacer una lista de cincuenta canciones imprescindibles, con el hashtag #50Songs. Apenas llevo unas pocas, pero tengo intención de completarlas. Y, para apoyar esa idea, y además desarrollar un poco, aprovecharé los viernes para hablar y recomendar una canción.
No quiero empezar con una que me lleve a divagar mucho, ya que tengo la intención de que se trate de entradas cortas y sencillas. Así que hoy voy a empezar con una canción que adoro profundamente.
Mad World - Gary Jules
Descubrí esta canción en una película que me tiene absolutamente fascinada, Donnie Darko, de la que ya hablaré otro día porque hay para rato. ¿Qué tiene Mad World? Piano, para empezar. Piano y voz, y nada más. ¿Qué canción así puede no enamorar? Sí, ya, las empalagosas totales. Fijaos en el estribillo.
I find it kinda' funny, I find it kinda' sad,
the dreams in wich I'm dying are the best I've ever had.
¡Es una maldita canción triste! Tiene una letra y una melodía completamente tristes, y yo adoro las cosas tristes. La voz de Gary Jules diciendo todas esas cosas con ese tono impasible y hasta resignado. Una canción que no se queda por su suavidad, ni por su ritmo pausado; una canción que se ama cuando comprendes la letra. Es lo que tienes que amar de una canción, y más de esta en particular. Sin duda, una imprescindible.
Hide my head I wanna drown my sorrow.
No tomorrow, no tomorrow.
El pasado
Lo pasado, pasado está, que se suele decir. ¿Y cuánta gente se lo cree?
El pasado es una de las cosas más importantes que tenemos, es la experiencia, es lo que define quiénes y cómo somos y por qué. Las personas son maduras porque han pasado por determinada experiencias que las han obligado a serlo. Son infantiles porque siempre se lo han dado todo hecho. Son engreídas porque siempre las han adulado. Todo está en el pasado, contando, por supuesto, con el factor familiar y ambiental, pero a lo que vengo a referirme hoy es a las experiencias del pasado, a cómo lo vemos y a cómo nos afecta.
Tendemos a idealizar el pasado. Y eso es un hecho. ¿ Cuántas veces has oído decir a tus padres que ojalá tuvieran veinte otra vez? Todos lo hacemos, porque nuestra vida no es ideal -ni bien nos vendría que lo fuera. Nos engañamos pensando "qué bien lo pasaba entonces", "qué bien estaban las cosas"... Claro, hay ciertos matices objetivos, como las condiciones económicas, o la estructura familiar, pero muchos otros que no somos capaces de distinguir con claridad hasta toparnos de pronto con una bofetada que te recuerda cómo eran las cosas en realidad.
Podía haber un periodo de tiempo en el que tuvieras algo en particular que te agradara; un grupo de amigos, un lugar habitual, unas actividades comunes, cualquier cosa. Y sí, las cosas acaban, tanto las buenas como las malas. Una vez leí una frase que decía algo así: "si no te gusta dónde estás, tranquilo, todo acaba. Si te gusta, disfrútalo, pues no durará para siempre." Efectivamente, todo llega a un fin. Quizá aquella persona era un buen amigo, puedes arrepentirte de no tenerlo ya, pero medítalo antes. Si no ha perdurado en el tiempo, es por algo. El tiempo es la prueba; el tiempo y la distancia, y su capacidad de idealizarlo todo. Las cosas de verdad, pasan a través de ello. Quizá en este momento te gustaría volver a estar con ese amigo, volver a ese ambiente. ¿De verdad? Las cosas cambian por alguna razón.
A veces, simplemente hay algo que va mal, algo que no te gusta, que quieres cambiar. Y piensas "qué estupendo era todo entonces". Piensas en cómo vivías, los amigos que tenías, los sitios donde ibas y las cosas que hacías. Y hasta te preguntas por qué todo eso ha cambiado. Ha cambiado porque tú has cambiado. Y seguramente la mejor manera de darte cuenta de que algo no iba bien sea volver; encontrarte con alguien de entonces, así sabrás por qué las cosas no iban bien.
Si te han puteado, has madurado, pero tendemos a olvidar el daño, tendemos a simplificarlo. Son solo las grandes heridas las que mantenemos presentes. ¿Y los pequeños detalles? Ya fueran miradas, comentarios, comportamientos, o maneras de actuar, cosas que no te hacían sentir bien, cosas que te hacían incluso detestar aquello. No recuerdes con nostalgia lo que solo debe recordarse como algo pasado. Sí, puede haberte herido mucho que aquel chico te dejara, o que tu mejor amiga te la jugara tan bien, pero al fin y al cabo, algo aprendiste de todo aquello, seguro. Y si siguieras con ese tío, probablemente serías infeliz. Probablemente esa "amiga" te lo hacía pasar mal a menudo. Sé capaz de verlo, y no eches de menos algo solo porque no te guste lo que tienes ahora.
Cada uno no tiene lo que se merece, pero en ciertos ámbitos, quiere lo que quiere tener. Nadie te obliga a estar con tus amigos, a hacer lo que no quieras hacer ni a vivir como no quieras vivir. Tú decides. Y si no te gusta lo que tienes, en vez de vivir en el pasado idealizado, vuelve al presente y cambia lo que sea necesario hasta que estés conforme. Ejerce tu libertad.
Nada ni nadie es perfecto.
jueves, 4 de octubre de 2012
Otoño, bienvenido.
El Otoño, con mayúscula, es encantador, es mi estación favorita sin duda alguna. ¿Por qué me gusta tanto?
¿Qué tiene el Otoño?
Caminar por la calle con una sudadera, e ir en la temperatura justa. El viento en la cara, alborotándote el pelo, el fresco en las orejas. La soledad de las calles; esa reacción de hibernación que tienen las personas, aterradas ante la perspectiva del frío y la rutina tras el largo verano. Los montones de hojas secas acumulándose en la calle, caminar sobre ellos y que crujan. El cielo nublado. La lluvia. Lo mejor es la lluvia, cayendo y empapando todo, calando pero sin helar. Las noches. Llegar a la cama y meterte bajo las mantas para entrar el calor; arroparse hasta la barbilla y dormir.
Pero, además de eso, el Otoño implica mucho más. Septiembre, nuevo curso, rutinas. No puedo decir que me encante volver a todo, a tener mil cosas que hacer, poco tiempo y mucho trabajo. Pero mentiría si dijera que no lo espero. Reconozcámoslo, el verano aburre. Decimos "vuelta a la rutina" considerándolo "vuelta a las clases", pero nosotros somos los primeros que hacemos del verano una rutina. Cada uno a su manera, claro. La mía consiste en estar en casa y leer, básicamente; en verano me vuelvo una auténtica asocial. "Oh, claro, así que estás deseando volver para ver a todos tus amigos y convertirte en un ser sociable". Pues no. Que conste que yo soy asocial los trescientos sesenta y cinco días del año. Los veintinueve de febrero hago una excepción (no). Pero, ¡seamos sinceros! Sí, las clases dan trabajo, y en temporadas de exámenes, más del que podemos soportar, pero, ¿no es buena esa sensación de estar avanzando? De estar haciendo algo, vamos. Todo eso empieza con el Otoño.
Empezar a coger una chaqueta por las noches; eso es lo primero. Bueno, todo después de empezar a congelarte ese primer día en que te empeñas con un "no hace falta". En mi ciudad, el Otoño se marca con las fiestas, en Septiembre, a principio de curso. Noches en la calle, sudaderas imprescindibles, frío, alcohol y despedida del verano. El frío viene con las fiestas y se queda sin ellas. Después hay clases, salir solo los fines de semana y estudio.
Concluyendo. El Otoño significa clima perfecto, vuelta a aprender, progreso. Hojas cayendo.
Adoro el Otoño.
miércoles, 26 de septiembre de 2012
Una línea difusa
Entre lo que se supone que es lo correcto, y lo que queremos hacer.
Madurez.
¿No os da la sensación de que por ser maduros y responsables os estáis perdiendo mucho? ¿O soy la única que se siente atada por su deber, por su sentido de lo correcto?
Ejemplificaré.
Nunca llegaré a casa borracha. Y este es un caso cerrado, y por lo tanto, el primero del que voy a hablar. ¿A qué me refiero con caso cerrado? Ahora se entenderá solo. Soy de esas personas tímidas-asociales, elevada a la máxima potencia, de manera que si no tengo mucha confianza con alguien, ni me acerco. Un poco de alcohol aleatorio, y voilá, soy sociable, hablo con la gente, digo muchas cosas. Hasta un punto en el que no me pase diciendo burradas de las que arrepentirme al día siguiente. Me hago un poco más libre. Qué os voy a contar, si todos sabemos a lo que me refiero. Pero tengo un límite, aunque solo sea un periodo de tiempo previo a la vuelta a casa en la que me prohíbo beber más, o lo que sea, de manera que nunca llegaré borracha a casa, pasarlo bien manteniendo el control. Eso está claro, ¿no? Pero atención, porque no son los hechos todo lo que cuenta, sino la moralidad.
Superficialidad, la cual odio. Me considero una persona extremadamente poco superficial. También es cierto que hay que diferenciar en dos grupos, de igual manera que me pasa con la música; lo que me gusta y lo que me puede agradar. Vale, también partamos del yo no me enamoro, no de momento. ¿Raro? No lo creo. Creo que los adolescentes tienen cuelgues tontos, simplemente "alguien mono que les presta atención". Quizá alguien con quien apenas hablan, o sí, pero solo dentro de la broma; es igual. Y después, a "rallarse". Permitidme un mohín escéptico. Bien, sigamos, los adolescentes no son el tema del día. Moralidad. Esto es: sé perfectamente que lo que me gusta de la gente es su cerebro, pero, ¿por qué está tan mal fijarse en alguien atractivo? Yo, personalmente, me siento mal. Sí, sí, mis ojos están encantados, lo sé. Es como un pequeño vicio, gusta, no podemos evitarlo, pero no queremos que lo haga. ¿Por qué? Tengo mis ideas. El concepto "belleza" es algo inculcado y absurdo. El cerebro es lo que vale. Lo sé de sobra, y no es ningún problema. La pregunta es, ¿y esos cuelgues tontos? Por exceso de moral me lo estoy perdiendo. ¿Realmente está tan mal quererse dejar llevar de vez en cuando? Algo dentro me dice "incorrecto".
Creo que ya se me ha entendido lo suficiente, por lo que iré al debate moral en sí. El cual es "¿es correcto, en nuestra juventud, en algunas ocasiones, desprendernos de nuestra moralidad y responsabilidades?". Qué queréis que os diga, hay cosas que he hecho y cosas que seguro que haré, pero, sinceramente, tengo esa sensación de que llegaré a los treinta y pensaré en la de locuras que podría haber hecho. "¡Era el tiempo de ser inmadura!". ¿De verdad? No me gustaría decepcionar a la gente que me tiene por alguien completamente responsable, pero pienso "¿de verdad es tan malo colarse en una piscina por la noche?" "¿Llegar tarde a casa?" "¿Escaparse por un día?" "¿Aparecer con un piercing?" Me muero por aparecer un día por casa con el pelo rapado, de color rojo fuego, un par de piercings y decir "soy rebelde". Porque sí, es otra necesidad, es el momento. Ponerme todas mis antiguas pulseras de pinchos, maquillaje radical y presentarme en el instituto. ¿Qué idiota no se quedaría de piedra? Rebeldía, no pensar, hacer lo que apetezca en el momento; ¿por qué es algo malo? De los errores aprenderemos y, tengamos presente, los errores se los lleva el viento. En diez años preferirás haber cometido cuatro estupideces, por caras que te salieran -castigo merecido, por tanto aceptado-, a vivir como un adulto aburrido desde siempre.
Personalmente, a pesar de saber que es un paso atrás, voy a intentar olvidarme de responsabilidades. Es decir, ¡qué mas da! Es lo que quiero pensar. Ya tendré tiempo de ser como soy ahora, reflexiva, con las consecuencias tan presentes. Es mi declaración absurda, pero declaro que quiero ser más adolescente. (No nos confundamos con el adolescente estandar cabezahueca).
Se despide, la próximamente más insensata.
Que el recuerdo te muestre pero nunca te atormente.
PointlessRain
Me presento al loco que haya decidido pasarse por aquí -si es que finalmente este blog ve la luz. Seré breve. PointlessRain, centro de España, oveja negra por definición. Diferente es la palabra. Abierta de mente, hasta ciertos límites, determinación, ambición. Amo pocas cosas pero las amo bien. Sagrado; música, libros, animales. Pero por encima de todo, sueños. Putéame si quieres, enseguida te vas a cansar. No creyente en las personas en mucho más que un aspecto, y desconfiada sin o con razón. Doble fondo. Cadena de cuestiones entrecruzadas bien cimentadas por el odio autodestructivo que trato de evitar. Defensora de la libertad, y utópica. Mi pensamiento es el de un imposible mundo mejor. Cerebro como mayor punto atractivo, siempre. Y complicaciones como indeseable modo de vida. La curiosidad me puede. Como mayor ventaja y mayor obstáculo, la madurez. Mis gustos no suelen ser lo típico, la chica a la que siempre miran mal.
No es una descripción como tal, pero no he venido a hablar de mí como persona.
Me despido hasta la próxima entrada como yo no sé. Ah, ya. Frase de cierre, ¿no?
(Nos) lee(re)mos hasta el alba.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)