Entre lo que se supone que es lo correcto, y lo que queremos hacer.
Madurez.
¿No os da la sensación de que por ser maduros y responsables os estáis perdiendo mucho? ¿O soy la única que se siente atada por su deber, por su sentido de lo correcto?
Ejemplificaré.
Nunca llegaré a casa borracha. Y este es un caso cerrado, y por lo tanto, el primero del que voy a hablar. ¿A qué me refiero con caso cerrado? Ahora se entenderá solo. Soy de esas personas tímidas-asociales, elevada a la máxima potencia, de manera que si no tengo mucha confianza con alguien, ni me acerco. Un poco de alcohol aleatorio, y voilá, soy sociable, hablo con la gente, digo muchas cosas. Hasta un punto en el que no me pase diciendo burradas de las que arrepentirme al día siguiente. Me hago un poco más libre. Qué os voy a contar, si todos sabemos a lo que me refiero. Pero tengo un límite, aunque solo sea un periodo de tiempo previo a la vuelta a casa en la que me prohíbo beber más, o lo que sea, de manera que nunca llegaré borracha a casa, pasarlo bien manteniendo el control. Eso está claro, ¿no? Pero atención, porque no son los hechos todo lo que cuenta, sino la moralidad.
Superficialidad, la cual odio. Me considero una persona extremadamente poco superficial. También es cierto que hay que diferenciar en dos grupos, de igual manera que me pasa con la música; lo que me gusta y lo que me puede agradar. Vale, también partamos del yo no me enamoro, no de momento. ¿Raro? No lo creo. Creo que los adolescentes tienen cuelgues tontos, simplemente "alguien mono que les presta atención". Quizá alguien con quien apenas hablan, o sí, pero solo dentro de la broma; es igual. Y después, a "rallarse". Permitidme un mohín escéptico. Bien, sigamos, los adolescentes no son el tema del día. Moralidad. Esto es: sé perfectamente que lo que me gusta de la gente es su cerebro, pero, ¿por qué está tan mal fijarse en alguien atractivo? Yo, personalmente, me siento mal. Sí, sí, mis ojos están encantados, lo sé. Es como un pequeño vicio, gusta, no podemos evitarlo, pero no queremos que lo haga. ¿Por qué? Tengo mis ideas. El concepto "belleza" es algo inculcado y absurdo. El cerebro es lo que vale. Lo sé de sobra, y no es ningún problema. La pregunta es, ¿y esos cuelgues tontos? Por exceso de moral me lo estoy perdiendo. ¿Realmente está tan mal quererse dejar llevar de vez en cuando? Algo dentro me dice "incorrecto".
Creo que ya se me ha entendido lo suficiente, por lo que iré al debate moral en sí. El cual es "¿es correcto, en nuestra juventud, en algunas ocasiones, desprendernos de nuestra moralidad y responsabilidades?". Qué queréis que os diga, hay cosas que he hecho y cosas que seguro que haré, pero, sinceramente, tengo esa sensación de que llegaré a los treinta y pensaré en la de locuras que podría haber hecho. "¡Era el tiempo de ser inmadura!". ¿De verdad? No me gustaría decepcionar a la gente que me tiene por alguien completamente responsable, pero pienso "¿de verdad es tan malo colarse en una piscina por la noche?" "¿Llegar tarde a casa?" "¿Escaparse por un día?" "¿Aparecer con un piercing?" Me muero por aparecer un día por casa con el pelo rapado, de color rojo fuego, un par de piercings y decir "soy rebelde". Porque sí, es otra necesidad, es el momento. Ponerme todas mis antiguas pulseras de pinchos, maquillaje radical y presentarme en el instituto. ¿Qué idiota no se quedaría de piedra? Rebeldía, no pensar, hacer lo que apetezca en el momento; ¿por qué es algo malo? De los errores aprenderemos y, tengamos presente, los errores se los lleva el viento. En diez años preferirás haber cometido cuatro estupideces, por caras que te salieran -castigo merecido, por tanto aceptado-, a vivir como un adulto aburrido desde siempre.
Personalmente, a pesar de saber que es un paso atrás, voy a intentar olvidarme de responsabilidades. Es decir, ¡qué mas da! Es lo que quiero pensar. Ya tendré tiempo de ser como soy ahora, reflexiva, con las consecuencias tan presentes. Es mi declaración absurda, pero declaro que quiero ser más adolescente. (No nos confundamos con el adolescente estandar cabezahueca).
Se despide, la próximamente más insensata.
Que el recuerdo te muestre pero nunca te atormente.
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