Lo pasado, pasado está, que se suele decir. ¿Y cuánta gente se lo cree?
El pasado es una de las cosas más importantes que tenemos, es la experiencia, es lo que define quiénes y cómo somos y por qué. Las personas son maduras porque han pasado por determinada experiencias que las han obligado a serlo. Son infantiles porque siempre se lo han dado todo hecho. Son engreídas porque siempre las han adulado. Todo está en el pasado, contando, por supuesto, con el factor familiar y ambiental, pero a lo que vengo a referirme hoy es a las experiencias del pasado, a cómo lo vemos y a cómo nos afecta.
Tendemos a idealizar el pasado. Y eso es un hecho. ¿ Cuántas veces has oído decir a tus padres que ojalá tuvieran veinte otra vez? Todos lo hacemos, porque nuestra vida no es ideal -ni bien nos vendría que lo fuera. Nos engañamos pensando "qué bien lo pasaba entonces", "qué bien estaban las cosas"... Claro, hay ciertos matices objetivos, como las condiciones económicas, o la estructura familiar, pero muchos otros que no somos capaces de distinguir con claridad hasta toparnos de pronto con una bofetada que te recuerda cómo eran las cosas en realidad.
Podía haber un periodo de tiempo en el que tuvieras algo en particular que te agradara; un grupo de amigos, un lugar habitual, unas actividades comunes, cualquier cosa. Y sí, las cosas acaban, tanto las buenas como las malas. Una vez leí una frase que decía algo así: "si no te gusta dónde estás, tranquilo, todo acaba. Si te gusta, disfrútalo, pues no durará para siempre." Efectivamente, todo llega a un fin. Quizá aquella persona era un buen amigo, puedes arrepentirte de no tenerlo ya, pero medítalo antes. Si no ha perdurado en el tiempo, es por algo. El tiempo es la prueba; el tiempo y la distancia, y su capacidad de idealizarlo todo. Las cosas de verdad, pasan a través de ello. Quizá en este momento te gustaría volver a estar con ese amigo, volver a ese ambiente. ¿De verdad? Las cosas cambian por alguna razón.
A veces, simplemente hay algo que va mal, algo que no te gusta, que quieres cambiar. Y piensas "qué estupendo era todo entonces". Piensas en cómo vivías, los amigos que tenías, los sitios donde ibas y las cosas que hacías. Y hasta te preguntas por qué todo eso ha cambiado. Ha cambiado porque tú has cambiado. Y seguramente la mejor manera de darte cuenta de que algo no iba bien sea volver; encontrarte con alguien de entonces, así sabrás por qué las cosas no iban bien.
Si te han puteado, has madurado, pero tendemos a olvidar el daño, tendemos a simplificarlo. Son solo las grandes heridas las que mantenemos presentes. ¿Y los pequeños detalles? Ya fueran miradas, comentarios, comportamientos, o maneras de actuar, cosas que no te hacían sentir bien, cosas que te hacían incluso detestar aquello. No recuerdes con nostalgia lo que solo debe recordarse como algo pasado. Sí, puede haberte herido mucho que aquel chico te dejara, o que tu mejor amiga te la jugara tan bien, pero al fin y al cabo, algo aprendiste de todo aquello, seguro. Y si siguieras con ese tío, probablemente serías infeliz. Probablemente esa "amiga" te lo hacía pasar mal a menudo. Sé capaz de verlo, y no eches de menos algo solo porque no te guste lo que tienes ahora.
Cada uno no tiene lo que se merece, pero en ciertos ámbitos, quiere lo que quiere tener. Nadie te obliga a estar con tus amigos, a hacer lo que no quieras hacer ni a vivir como no quieras vivir. Tú decides. Y si no te gusta lo que tienes, en vez de vivir en el pasado idealizado, vuelve al presente y cambia lo que sea necesario hasta que estés conforme. Ejerce tu libertad.
Nada ni nadie es perfecto.
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