Está tirando de mí, me está devorando como cáncer las entrañas. Tentáculos que me agarran brazos y piernas y me retienen contra mi voluntad en un sitio en el que no quiero estar. Caer por un pozo e intentar sujetarse inútilmente a las paredes, perfectamente lisas. Caer y seguir cayendo, y lo peor de todo; no saber cuándo acabará la caída. Parece que el agua te toca los pies y al instante siguiente no puedes ni siquiera verla.
No puedes dejar que te arrastre.
Es cansado correr con una cuerda y un peso atado detrás. Es exasperante, insoportable. Hace de una un perro rabioso desesperado por salir, por librarse de todo. Hace de una una violencia que se extiende con la sangre por todas mis venas, una violencia que invade y golpea. Una violencia que afecta a todo, y contamina. Nunca volveré a ser la que era.
¿Cuándo empezó esto a ser tan insoportable? ¿Cuándo me he convertido yo en una persona así?
Es como caerte al hacerte alguien la zancadilla, levantarte y, sin haber aún terminado, volver a caer. Con las rodillas magulladas sigues queriendo alzarte y andar firme, pero tanto golpe al suelo dan ganas de quedarse allí tirado para siempre. O desaparecer. Simplemente desaparecer.
Eso es lo que quiero. Huir, desaparecer. Empezar de cero, ser una persona nueva. Liberarme de esta desconocida en la que me he convertido y volver a reconocerme. Quiero ser yo en la mejor de sus variantes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario