lunes, 13 de mayo de 2013

Los gusanos salen de la nada

Y tú no sales del ciclo del odio, que te arrastra como un tornado enfurecido, te sacude contra las paredes sin piedad. Te permite soñar con una salida y, cuando crees que la agarras entre los dedos, te lleva de vuelta al centro. Gris por todas partes, un único sentimiento que se come a todo lo demás. Un 'agujero negro supermasivo' que no te permite ver más allá. 

Joder, me está comiendo.

Sí. La fuerza centrípeta está allí, y por más que luches por salir siempre te va a agarrar de vuelta. Da igual lo mucho que quieras sonreír, da igual cuánto intentes ser feliz, sientes cómo una mano cruel te oprime el pecho, no te deja respirar, parece que te ahoga. Pero ese es el problema, sólo parece. Te deja un débil acceso, apenas un gramo de aire. Y tú lo respiras, te agarras a ello como -y porque- te va la vida en ello. Por más que esté contaminado, es todo lo que tienes. Y mientras tú estás tan ocupado en sobrevivir, no puedes vivir. Y si no puedes vivir, no puedes ser feliz. 

Es como un golpe en el esternón. Como el aliento exhausto lleno de agua después de un largo buceo. Como una pesadilla en la vida real; por más que te pellizques sigue ahí. Y lo peor es que te acostumbras a ello, porque si lo vieras con objetividad, te tirarías de los pelos. Tu mirada se despierta cuando ves la realidad y contemplas al lado tu miseria. 

¿Por qué es todo tan fácil para los demás? ¿Por qué es todo el mundo tan feliz?

¿Por qué a mí?

(y aún hay días en los que cierro los ojos y espero que nada de esto hubiera pasado)
(aún hay días en los que deseo abrir los ojos y encontrarme en cualquier otro sitio)

lunes, 15 de abril de 2013

Parece que me voy pero no me voy. Me golpeas y no me caigo, porque no soy de cristal. Soy un frío hielo, irrompible, incorruptible, intocable. Patéame para que sienta algo, insúltame, ódiame, aborréceme. Ámame.
La figura misma de la imperfección hecha con mellas afiladas, y el siempre presente "¿y si...?". Puedes lanzarme al agua que no me ahogo, puedes meterme en fuego que ardo y no me quemo. Me siento cayendo de un décimo piso, el viento en la cara y la sensación de volar. Abajo la gente aplaude. Podría volar o podría estamparme contra el suelo, que lo mismo daría. 
Demuéstrame que sigue habiendo algo. 
Quiero volver a soñar tan alto como antes. Quiero ser capaz de querer. Quiero la humanidad, por una vez, la fragilidad del cristal en lugar de la frialdad del hielo. Pero cuidado, el cristal se rompe.
En un momento dado me encuentro en medio de un laberinto oscuro, sin salida, por redundante que suene. No hay más que diferentes caminos a un lado y a otro, en todas direcciones, pero les acompaña un sentimiento de que todos llevan al mismo sitio. Da igual si encuentro la salida del laberinto, pues es un precipicio de rocas afiladas y olas voraces. 
Si solo pudiera nadar en el mar. 
Si tengo que caer, no puedo ser de cristal.
Los demonios me comen por dentro y no me dejan ver nada más.
Mirar a la destrucción a los ojos y decirle "¿y ahora qué?".
Mirar a la destrucción a los ojos y decirle "veremos quién gana".
No puedo pretender dejar de ser destructiva si necesito la destrucción para sobrevivir. No puedo dejar el glaciar ya que si se derrite, me ahogo. Me consuela saber que, bajo todo ese hielo, queda un fuego. Un fuego encerrado por lo mismo que lo está salvando. El círculo vicioso e insalvable. 
Quiero explotar en llamas, quemarlo todo, olvidar y vivir. Quiero empezar de cero, quiero que nada de esto esté sucediendo. Quiero despertar en otro sitio, en otra situación, en otro tiempo. Quiero abrir los ojos una mañana y pensar "todo va bien".
Voy a mirar a la destrucción a los ojos. Y voy a decirle "aunque me arrastres contigo, pienso ganar".

viernes, 25 de enero de 2013

¿Alguna vez va a acabar esto?

Está tirando de mí, me está devorando como cáncer las entrañas. Tentáculos que me agarran brazos y piernas y me retienen contra mi voluntad en un sitio en el que no quiero estar. Caer por un pozo e intentar sujetarse inútilmente a las paredes, perfectamente lisas. Caer y seguir cayendo, y lo peor de todo; no saber cuándo acabará la caída. Parece que el agua te toca los pies y al instante siguiente no puedes ni siquiera verla. 

No puedes dejar que te arrastre.

Es cansado correr con una cuerda y un peso atado detrás. Es exasperante, insoportable. Hace de una un perro rabioso desesperado por salir, por librarse de todo. Hace de una una violencia que se extiende con la sangre por todas mis venas, una violencia que invade y golpea. Una violencia que afecta a todo, y contamina. Nunca volveré a ser la que era

¿Cuándo empezó esto a ser tan insoportable? ¿Cuándo me he convertido yo en una persona así?

Es como caerte al hacerte alguien la zancadilla, levantarte y, sin haber aún terminado, volver a caer. Con las rodillas magulladas sigues queriendo alzarte y andar firme, pero tanto golpe al suelo dan ganas de quedarse allí tirado para siempre. O desaparecer. Simplemente desaparecer. 

Eso es lo que quiero. Huir, desaparecer. Empezar de cero, ser una persona nueva. Liberarme de esta desconocida en la que me he convertido y volver a reconocerme. Quiero ser yo en la mejor de sus variantes

viernes, 4 de enero de 2013

El tiempo se nos escurre como arena entre los dedos, y por más que corramos, no lo recuperaremos. Como cuando en un sueño corres por el túnel, extiendes la mano, cierras el puño y, sin embargo, eso que ibas a coger está aún fuera de tu alcance. Como Alicia cayendo por el agujero. Corremos, giramos, crecemos, miramos atrás y nos parece que ha sido un solo paso. El tiempo se nos escapa. 

Nos lo están robando, ni qué ni cómo sé, pero veo cómo se va fuera de mí y no vuelve. Si hay algo que no dudo es que el tiempo no vuelve; este instante, esta milésima de segundo, la vives ahora, y nunca más. ¿Realmente merece la pena gastar ni la más mínima parte de tu tiempo en algo que no quieres hacer? Maldita sea, debemos correr por lo que amamos, debemos perseguirlo, pero está tan lejos. 

Miro por encima del hombro y me veo a mí misma en el espejo, hace cuatro años. Me veo en ese parque, hace dos y medio. Me veo aquí, ahora, y dentro de unos años volveré a hacerlo, estaré más adelante pero no sé si habré avanzado. Necesito avanzar. Me roban el tiempo porque voy hacia delante, pero no avanzo. Me roban el tiempo porque vivo, pero no vivo

Se me escapa y no tiene remedio. Yo no lo amo, y por eso corre más. El instante es lo que vale, y no lo tengo, solo lo veo. Constantemente esa pregunta de "¿qué hago yo aquí?" y los minutos, horas y días perdidos en un sitio que está claro que no es el mío. 

El tiempo se me escurre y no lo puedo alcanzar.